viernes, 30 de enero de 2015

El porno que nos merecemos!

Sábado a la noche. Consigo dormir a mi hijo antes de caer exhausta, me pego un ducha, dos gotas de perfume, un hilo de crema en las piernas, avanzo decidida hacia el sofá, aunque soy consciente de que cualquier intento disfrazado de babydoll fracasará estrepitosamente con mi marido hipnotizado frente al televisor. Mientras el Chino Maidana se mantenga en pie se que mi tanga, del otro lado del ring, pierde por knock out. Vamos al plan B.
MyLord espera subido al sommiere, con las pilas recargadas. Él y el último episodio de Confesiones triple X, de Erika Lust –la reina del porno feminista.
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Cómo nos merecemos un cine que logre ponernos cachondas sin esos aliens epilépticos que lo único que generan es decepción cada vez que tanteamos los confines de nuestra cama. Basta de mujeres que gimotean desde el minuto uno sin parar; sólo sirven para meter cizaña y obligarnos a fingir.

Algo de eso entendió, hace mucho, Erika Lust. Sueca, 38 años, politóloga especializada en feminismo. Si, una estudiosa del fenómeno, no una pajera que se compró una camarita. “Yo soy feminista y el cine que hago es político: lleva el mensaje de la mujer libre que disfruta de su cuerpo… No es solo una herramienta de placer sino educativa. Y política. La pornografía es un discurso, habla sobre la sexualidad, sobre la feminidad, sobre roles... La mujer en mis películas no es un objeto, ella está ahí para sentir su propio placer. Son historias contadas desde su perspectiva” dice la rubia que, increíblemente, todavía se pone colorada cuando le preguntan si es lujuriosa.

En apenas una década, esta mujer armó un verdadero emporio. Arrancó con un corto (“The good girl”) en el año 2004, que tuvo más de dos millones de descargas en apenas un par de meses. Hoy lleva producidos 7 largometrajes, un documental, y una serie erótica que compila distintas historias, inspiradas en confesiones anónimas de sus fans, que ya va por su tercera edición. Además escribió 5 libros, entre ellos una guía femenina para entender y aprender a disfrutar del cine XXX. Y ya que estaba puso un Store online, donde vende juguetitos, cremas, dvd`s, látigos, lencería y ¡hasta cuadros! Arte hot, anotá Rampolla.

Penes al natural (con papitas noisette)
Erika Lust se propuso deconstruir los estereotipos del género (cinematográfico y sexual). Más flaccideces, menos gemidos histéricos, algo de pelos ¡porDio! y un zoom directo al deseo femenino. Nada de mujeres al servicio del machote pijudo en estas películas, de eso sobra en el porno convencional.
“Sufro bastante en los castings. Los actores de cine porno no están acostumbrados a interpretar un papel. Mi lucha es precisamente sacarlos de ese lugar impostado. La mayoría de las chicas está muy operada, ellos tienen músculos de horas de gimnasio y los looks se vuelven como de plástico. Eso no me gusta. Yo quiero gente normal, con sensación de personas reales. Por ejemplo, si quiero un poco de vello púbico, ¡tengo que encargar pelucas! A la vez es complicado trabajar con actores que no han hecho porno antes y rodar una escena de sexo puede resultar difícil” apunta la directora.

Las feministas más exaltadas se indignaran de que Lust levante su bandera mientras filma cuerpos explotados, pero ella responde con en el concepto de cine que hace y sus condiciones de producción: “contrato actores que realmente quieren estar en el sitio donde están, que tienen todos los papeles en regla y que han pasado los test de enfermedades. Cuando nosotros rodamos hay un ambiente agradable de grabación, no es esa típica sensación –por lo que me han contado muchas actrices– de un mundo de hombres, donde productores y directores incluso invitan a sus amigos para ver a las chicas, o se promueve el uso de fármacos para asegurar la erección o potenciar la eyaculación.”

Feminismo al desnudo
Es hora de decirlo, la militancia se termina a los pies de la cama. Justo ahí, brincando impertinente sobre los resortes del sommiere, el patriarcado sonríe triunfante. Cuando te quedas en bombacha la fantasía vuelve a ser el jefe que te desprende la blusa, el profe de gimnasia que te roza sin querer, la mucamita de uniforme sometida y la nena con trompita Prandi. Calentate imaginando a tu marido con ojos de cordero y esmirriada sumisión, dispuesto a que lo montes en una cabalgata feroz, y te mando a domicilio el diploma Simone de Beauvoir de la buena feminista.

Me quedo con una frase de la enorme Virginie Despentes, en su Teoría KingKong: “Dominio de lo privado, lo que me hace mojar. Porque la imagen que da de mi es incompatible con mi identidad social cotidiana”.

Y conste que esto no tiene nada que ver con las cincuenta sombras de Grey.


Valeria Sampedro.


(*) Los textuales de Erika Lust fueron tomados de entrevistas a la revista Vanity Fair (nov/2012) y El Pais semanal (ago/2013)

miércoles, 7 de enero de 2015

Lola. el show debe continuar

Hubo escenas penosas en la televisión, la semana pasada. Y prometen seguir, mientras no se sepa quién mató a Lola Chomnalez y por qué. La noticia reúne todos los condimentos que permiten alimentar el morbo colectivo y allá fuimos a darles a los espectadores `lo que querían ver`: el lugar de los hechos, corridas, testimonios, periodistas de policiales convertidos en detectives, nuevas hipótesis. Nada que ya no se sepa.

La imagen angelical de una adolescente de familia acomodada, de vacaciones en Uruguay, yendo a leer a la playa. Funde a negro, música incidental, imágenes en diapositiva, el cuerpo semienterrado en la arena, el padrino sospechado. Suficiente material para desplegar el circo mediático. Proliferan invitados, “especialistas”, cualquiera que haya visto u oído algo vale, vecinos, conocidos de la madrina, o de la abuela famosa, el mecánico, el portero de la otra cuadra. No importa el dolor de esa familia, estamos en vivo y somos periodistas, queremos periodistar.

Entre la autocrítica y la vergüenza ajena puedo decir que existen atajos de prudencia, moderados intentos para evitar el mal gusto y no sumar brillos al show. Es un desafío cuando te sientan como entrevistado a un perito que no trabajó en el caso y te piden que estires porque el rating va en ascenso. Pero en ese instante al aire, vos decidís cuando se acabaron las preguntas. ¿Qué si eso alcanza? Es algo.

Probablemente demasiado poco cuando te tapa el tsunami de 24 horas ininterrumpidas en rojo urgente. Y tu único recurso es el ejercicio semántico de restar adjetivos. Tiendo a creer que quienes trabajamos en medios masivos de comunicación tenemos la responsabilidad y el desafío de librar la lucha desde adentro. Con suerte de vez en cuando lograremos meter una nota propia en la agenda y eso, para el gueto que todavía suponen los temas de género, es mucho decir.

Valeria Sampedro.

Este texto fue escrito para una nota colaborativa para el portal Marcha
(http://www.marcha.org.ar/index.php/generos/6307-entre-el-dolor-la-cobertura-del-asesinato-de-lola-un-analisis-necesario-i)